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Departamento de Literatura

Entrevista con Natalia Cisterna

Marta Brunet: la construcción de una figura pública femenina

Una intelectual que se abrió camino en un campo cultural androcéntrico, que estuvo mucho más allá de la etiqueta de criollista, creando una narrativa innovadora, transformadora y vanguardista, tal vez la mejor de su época. Natalia Cisterna, académica del Departamento de Literatura, da cuenta del estudio que realizó para la edición crítica de la obra de Brunet, entregando luces y claves de lectura que dimensionan a una escritora fundamental.

La reciente edición crítica de los cuentos de Marta Brunet, publicada por Ediciones Universidad Alberto Hurtado, es el segundo volumen de su obra narrativa, la que tuvo una primera entrega dedicada a sus novelas. Largo trabajo de recopilación y comparación de los textos -que duró alrededor de ocho años- para fijar una versión última con todas las variantes experimentadas. 

Marta Brunet: la construcción de una figura pública femenina

Natalia Cisterna señala que el trabajo con los cuentos fue mucho más complejo que con las novelas porque estaban diseminados. “Habían muchos cuentos que no fueron recopilados en libros o versiones que estaban en revistas, suplementos, periódicos. No sabíamos cómo buscar al comienzo. En los primeros años firmaba como Miriam, no como Brunet, entonces también tuvimos que rastrear esos relatos. Yendo hacia atrás, encontramos desde 1918 en adelante”. 

A través del estudio de la obra Cisterna pudo apreciar diversos gestos, propuestas, como en los cuentos de la primera etapa donde hay una estrategia de instalación, fundamental en su formación como escritora. "De algún modo revela un conocimiento de los espacios de publicación que tienen mayor impacto en ciertos públicos lectores". Sin pensar que tenía una estrategia hipercalculada, sí sabía dónde podía difundir su obra y dónde podía tener mayor visibilidad, en términos literarios. Por ejemplo, se dice que en Chillán todos sabían que Marta Brunet era Miriam, pero Natalia Cisterna apunta a que quizá no era tan así. Para ella, más bien era complicado que su familia supiera que detrás de esa joven tranquila, de buenos contactos, en ese ambiente familiar tan tradicional y convencional había una escritora que ya estaba enviándose cartas con los críticos de la capital, que estaba mandando cuentos a los períodicos, o sea, que era alguien muy activa.

Con claridad sabe que tiene que publicar para darse a conocer -tiene apariciones en diarios como La discusión en Chillán y  El sur de Concepción-, que no puede escribir cuentos y leerlos solo entre su grupo, su ateneo. Es una particularidad de esta escritora, siendo tan joven, de provincia y que además publica los géneros que son asociados tradicionalmente al mundo masculino, en un formato que se creía que no estaba en sintonía con la naturaleza femenina.

“Cuando publica Montaña adentro fue un escándalo. Ella lo cuenta en varias entrevistas, al punto de que tuvo que intervenir un cura porque no la admitían en ninguna casa. Se consideró que lo que había escrito era demasiado insolente para una pluma femenina. No era apropiado para una señorita”, destaca Cisterna.

"En Brunet la violencia no es individual, sino que forma parte de un sistema patriarcal"

En María nadie, la protagonista es obligada a abortar. Estando inconsciente es llevada a un lugar y le hacen un raspaje. A diferencias de la mayoría de los personajes de Brunet, María nadie es de clase media, joven, profesional, telefonista, trabaja en la ciudad, es autónoma económicamente, lectora. Se enreda con alguien de clase acomodada, quien termina obligándola a abortar. El control que tiene de sí, lo pierde totalmente. El aborto, en este sentido, significa la propia autonomía que tiene sobre su propio cuerpo.

Los abortos en Piedra callada también tienen que ver con eso porque son producto de violaciones que el marido de Esperanza realiza permanentemente. Allí se revela un sujeto femenino a disposición del esposo. Esperanza no tiene derechos sobre su cuerpo, es abusada y es obligada a abortar.

El tema del consentimiento dentro del matrimonio es una cosa que ahora está en el debate, explica Natalia Cisterna. Se naturalizaba que todas las relaciones dentro del matrimonio eran consentidas y no había violencia. "Ahora sabemos que no, son temas que el feminismo ha logrado instalar. Brunet esto lo dice el año 1942. Eso no es algo menor".

“En ese sentido no es extraño que la crítica respecto a Brunet haya obviado tanto estos elementos. La crítica antes de la llegada de las teóricas feministas, que se empiezan a hacer cargo desde otro lugar, hablaba de una literatura recia, que narraba episodios crudos, propios de una vida campesina, pero no entraba en detalles en términos ideológicos de lo que ahí había", enfatiza Cisterna. 

Brunet representa un mundo rural que se empieza a modernizar. A medida que se leen los cuentos, explica Cisterna, se va viendo un mundo campesino cada vez más complejo. Pero siempre en ese proceso de modernización hay una constante.  La modernización se da en la infraestructura, en los medios de producción, el comercio, pero existe una suerte de relaciones jerárquicas que son inamovibles, en donde el funcionamiento de la sociedad es muy poco meritocrático. "Esa sensación de un mundo que no cambia, que está prisionero de ciertas reglas y que, en el caso de las mujeres, pareciera ser permanente", comenta Natalia Cisterna. 

Es por ello que Cisterna considera que “en Brunet la violencia no es individual, sino que forma parte de un sistema patriarcal. Que funciona en el marco de la hacienda, de la oligarquía agraria, rígida, que genera formas de relaciones violentas, impositivas y jerárquicas, donde las últimas de la cadena van a ser las mujeres campesinas pobres”.

"La literatura de Brunet creo que es pesimista, pero tiene ciertas luces, de pronto. Tiene muchas sombras, pero las luces tienen que ver con las estrategias de los personajes para sobrevivir a pesar de todo".

El legado de Brunet: su pensamiento intelectual

Para Natalia Cisterna, lo que debe conocerse, principalmente y lo más significativo, es su obra literaria. “Hay que rescatar la imagen de una figura pública femenina y valorizar que logró construirse de manera autónoma en espacios públicos muy masculinizados, donde la mujer no tenía muchas opciones de tener cierto éxito y reconocimiento, sobretodo en los espacios letrados. Ella logró romper la barrera androcéntrica, tener una legitimidad en ese espacio y eso hay que reconocerlo y divulgarlo”. En este sentido, Cisterna señala que se pueden encontrar publicaciones de Brunet como el saludo que realiza a la fundación del Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCH), en la que se revela una conciencia feminista, y a la lucha de los republicanos en España por el voto da la mujer.

Su pensamiento intelectual, el proyecto creativo que va desarrollando en su obra, es algo que debe ser más estudiando. “El desafío es no solo en la Universidad de Chile sino en otras universidades de ir indagando en este proyecto creativo e intelectual que también se manifiesta en sus ensayos, en sus crónicas, columnas de opinión, entrevistas, material que está disperso y que no se ha reunido”, afirma. 

Brunet es una figura pública que logró construir una literatura original. En ese sentido, la Universidad de Chile tiene el deber de promover lo que ella encarna. Un tipo de subjetividad profesional femenina que, a pesar de las condiciones, logra legitimidad y construir una obra de calidad.

Esto en un contexto donde la crítica la leía masculinizándola, entendiendo con esto que así se le daba valor. A Brunet le parecía arrogante aquello que lo masculino se asociara a una literatura de calidad, siendo más bien, una de las formas de descalificar la literatura de mujeres.

En cuanto al encasillamiento dentro del criollismo, Natalia Cisterna recalca que cuando se lee a Brunet, se observa una literatura donde el mundo campesino es lo que menos importa. “El paisaje, la descripción de las costumbres locales, de los lenguajes populares, no es lo más relevante. Lo importante son otros elementos. Son personajes cada vez más desarraigados de su entorno, con problemas existenciales, es una literatura cada vez más compleja, más rica, pero se la sigue tildando de criollista, neocriollista, porque para el campo cultural ver, signar o definir la literatura de una mujer como transformadora, vanguardista, era muy incomodo. Ya estaban haciendo suficiente con reconocerla como una buena escritora, pero de ahí a decir que estaba generando quizá la mejor narrativa de aquellos años, más innovadora en muchos aspectos, era muy incómodo. De hecho, no lo hicieron”.

Por Cristian Vergara

Lunes 16 de octubre de 2017

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