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Facultad de Filosofía y Humanidades

Leonora Reyes:

"Hoy vivimos un momento único para construir un proyecto público de educación"

Con la realización de los dos últimos paneles, culminó el encuentro “La cuestión de las Humanidades: materiales de para la discusión constituyente”, que durante tres días reunió a académicos y estudiantes, convocados por la Facultad de Filosofía y Humanidades. La sesión final estuvo marcada por los últimos sucesos políticos y su vertiginoso desarrollo reciente, que obligó a ciertos giros en las ponencias.

El primer panel reunió a los académicos Carlos Ossandón, José Luis Martínez y Rodrigo Karmy, todos de la Universidad de Chile.

"Hoy vivimos un momento único para construir un proyecto público de educación"

Ossandón abordó el tema del rol de la crítica en el ámbito de la cultura, basándose en una investigación de ya más de seis años, titulada “La impostura de la crítica”, que desvela el profundo contraste de tono y fondo de los trabajos de los años 60 y 70, marcados por una densidad ideológica y capacidad contestaría frente a las industrias culturales de su época, “que entiende a la comunicación como un lugar donde pensar y transformar la sociedad”, con la actual que se ve cooptada por las hegemonías y claudicando de su rol interpelador.

En ese sentido, Carlos Ossandón reclama por el retorno a una crítica vinculada con su tiempo y contingencia, que recupere su perspectiva histórica y sea capaz de revisar, problematizar y deconstruir la matriz “cultural” neoliberal.

La exposición del profesor José Luis Martínez partió desde la pregunta ¿Qué papel, como Humanidades, podemos jugar en este momento constituyente? Su visión es que se debe cambiar el paradigma habitual que sitúa al académico como la “voz experta del saber”, lo que se transforma en una “manera de quitar la voz a quienes hablan desde otros lugares”.

La propuesta de Martínez es recoger las voces que hoy se expresan en la calle, “para, desde allí, pensar y proponer de manera de no invisibilizarlas, diluyéndolas en el proceso”.
Junto con lo anterior, aboga por hacerse cargo del extendido reclamo de dignidad, entendido como visibilización y escucha, para articularlo como un derecho que pueda instalarse como derecho constitucional.

Rodrigo Karmy cerró el panel estableciendo un paralelo entre el “inmoralismo averroísta” y la multitud ciudadana, como pueblo concreto que protesta y se transforma en una República en sí mismo.

Karmy acude a la noción colectiva del pensamiento que desarrolla Averroes para situar allí la base de un conocimiento democratizado que “usa libremente la potencia del pensar sin apropiárselo”, quebrando así la lógica mercantil y acumuladora del neoliberalismo que hoy tiene en crisis a las Humanidades al haberla transformado en un trabajo muerto.
La segunda mesa fue integrada por los académicos de la Facultad Bernardo Subercaseaux, Jacqueline Gysling y Leonora Reyes.

Subercaseaux planteó un fuerte cambio paradigmático en la mirada que se debe tener de las Humanidades al afirmar que ellas son históricas y que hoy “asistimos a la redefinición de lo humano, impulsado por las nuevas tecnologías y los temas emergentes”.

En su mirada, hoy está en creciente retirada el antropocentrismo, acosado por la amplitud de las concepciones no-binarias, animalistas y la inteligencia artificial. Apunta a que en las calles hoy se expresa “una masa soberana que se cimenta en lo que ofrecen las nuevas tecnologías, que le permite conectarse e informarse sin otros intermediadores”.

Jacqueline Gysling abordó el tema de la educación que quisiéramos para Chile, ahora que vivimos este tiempo constituyente, que da un significado y sentido mayor a la pregunta. En tal sentido, reconoce la preeminencia del concepto de Educación Integral, concebida como el asumir al sujeto como totalidad. La docente aboga por hacer una reflexión crítica de los contenidos predominantes y propone buscar nuevos caminos para informar el concepto. “Podemos partir por adherir a la idea de concebir a la escuela como un espacio que ofrezca experiencias, para que los sujetos se desplieguen. Así la Educación Integral se transforma en un campo de desarrollo y emancipación de la persona”.

Por último, la historiadora Leonora Reyes, también se hizo cargo de qué educación queremos para Chile, preguntándose cómo construir el o los párrafos que hablarán de ella en la Nueva Constitución.

Para encarar el desafío, buscó refugio en su disciplina y fijó dos momentos históricos similares al actual: la Reforma Educacional de 1928 y el Congreso Educacional de 1971, previo a la abortada Escuela Nacional Unificada, ENU. Allí, planteó que hubo una sociedad civil que discutió y miró el futuro; “hoy vivimos un momento único para construir un proyecto público de educación que considere esas raíces, esa historia común”.

por Felipe Pozo

Viernes 15 de noviembre de 2019

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